
Llegó con paso ligero, se acercó, las miró. Acarició a algunas de ellas. Luego, dejó su maleta a un lado, no pudo evitar el tomarles algunas fotografías. Después de acercó nuevamente, tocó las que le parecería más hermosas. Su desea era que se vieran mejor todavía. El quería que todos las pudieran mirar allí, colocadas a la entrada de ese precios lugar. Pasaron quince minutos y el volvió una y otra vez a lo mismo: la miraba, las tocaba, se acercaba, luego se alejaba. No había duda que estaba enamorado de ellas.
Luego… sin mirar a nadie, se marchó, en silencio y a paso ligero, igual como había llegado. Ya en su vehículo… las volvió a mirar y, sin ocultar su orgullo las volvió a mirar.
Estuvo en eso un buen rato, unos quince minutos tal vez. Luego, cuando estuvo satisfecho se marchó, sin conversar con nadie. Antes de alejarse en su vehículo las volvió a mirar y, sin ocultar su orgullo, se alejó.

